La historia comienza en Bretaña, en el bosque de Karnag, el 1 de enero de 1397.
Las desavenencias entre Inglaterra y Francia por los antiguos territorios normandos parecen estar a punto de desembocar en una guerra abierta. El conde de Vannes, Patern de Gwened, preocupado por las noticias que le hacen llegar voces traicioneras, ha enviado a la condesa Alix, de incógnito en un simple carro y con apenas un puñado de sirvientes, a buscar refugio lejos del castillo para proteger al hijo que lleva en su vientre. Su decimotercer hijo.
Beadur, un hospitalario espía, se mantiene al acecho porque está siguiendo el rastro de un grupo de mercenarios ingleses que están esperando, bajo una intensa nevada, la llegada del carro.
No muy lejos de allí, Myrna Ménec, la última druida de los antiguos gaélicos, ha enviado a su aprendiza de doce años, Breann Airdsgainne, al bosque a recoger visco blanco. Subida a un árbol, es testigo del asesinato de la condesa.
Cuando los asesinos se van, Breann desciende del árbol y extrae al niño, vivo, del vientre de su madre sin saber que hay un testigo de todo lo que ha sucedido.
Un libro muy interesante, pero el autor se enrolla demasiado, lo que hace la lectura un poco pesada. Pudo reducir bastante el número de páginas.

