En esta entrega Sebastián Costa y Antonia Monterroso tienen en Jaén una banda que se dedica a atracar bancos, pero uno de esos atracos acaba mal y tienen que huir.
Cruzan Jaén, Córdoba, Madrid y Valladolid con la idea de largarse al otro lado del Atlántico, donde, según ellos, empieza el futuro.
Por el camino van dejando un reguero de cadáveres, ya que son perseguidos por clanes gitanos, la policía y unos investigadores pagados por la señora Espinosa, viuda de una de las antiguas víctimas de Antonia.
La acción transcurre en 1918 con la gripe, aquella que terminó conociéndose como la gripe española, como telón de fondo.
Es una novela en la línea del autor, pero con una cantidad de muertos elevadísima y con nuevos personajes que tienen su espacio, como el investigador policial Ramón Fernández de Luna, que existió de verdad, o Marthe Richard, una espía doble al servicio de la inteligencia francesa.









