Trinidad Laredo, una joven que busca reconstruir los años que vivieron sus padres en Sevilla, acude a la fábrica de loza La Cartuja con la única pista de su trabajo como ceramistas antes de abrir su propio taller en Inglaterra.
Ante la imposibilidad de entrevistarse con su responsable, la heredera María de las Cuevas, preocupada por el cese de actividad tras más de sesenta años de producción, decide ocupar su tiempo haciendo sus propias averiguaciones.
La trama gira en torno al último plato que pintó Felisa, la madre de Macarena, madre ésta de Trinidad, en La Cartuja y que lleva el título de esta novela. Ambas historias están situadas en la segunda mitad del siglo XIX, no así la de Trinidad, quien ajusta los recuerdos para encontrar sus raíces, a través de testimonios y la información que va recopilando en Sevilla durante su estancia en 1902.
Tres espacios temporales que se van alternando para encajar las piezas sueltas de tres generaciones.
Un libro interesante y entretenido que tiene de todo un poco. Se me hizo algo pesado todo el proceso de fabricación de la loza.







