Millie es una ex-convicta que vive en su coche y necesita desesperadamente encontrar un trabajo.
Para su sorpresa, la aceptan para trabajar como asistenta en la lujosa casa de los Winchester, una familia formada por una pareja y la hija de ella.
Al principio, todo parece ideal para Millie. El trabajo es llevadero y tiene una habitación y un baño para ella sola, pero su habitación se cierra con llave desde fuera.
Según va pasando el tiempo, Millie comienza a ver cosas muy raras en el comportamiento de la familia. Pero ella tampoco es una chica normal...
Un libro que engancha desde el principio y que, según vas leyendo, te engancha más y más hasta llegar a un final bastante sorprendente que, en mi opinión, cojea un poco.
