Segundo caso de la inspectora Petra y su ayudante, el subinspector Fermín Garzón.
Al principio, parece un caso de menor entidad, ya que un individuo indocumentado y de apariencia marginal aparece brutalmente apaleado.
Descubren su domicilio y en él a su perro, de tan mísera apariencia como su amo, y en éstas están cuando el indigente muere y el caso se convierte en una investigación de asesinato que se va complicando tanto que, mientras dan palos de ciego, asesinan a otra persona, ésta cercana al subinspector.
Una historia sórdida donde salen a relucir bajas pasiones como la venganza, los celos, la avaricia, ... ; pero en la que no falta, como siempre, el fino humor de la autora.
Interesante, como todas las de la saga. Te atrapa desde el principio.
