El primer tercio del libro me costó leerlo. Estuve a punto de dejarlo porque rezuma odio por todas partes. Odio del protagonista Aleksey, con graves problemas mentales, hacia su madre, a la que no perdona la falta de cariño que sufrió en su infancia, volcada ella en la pérdida de su hija pequeña.
Pero poco a poco todo va cambiando cuando su madre, sobornándolo, le propone pasar con ella el verano en Francia.
Aleksey acepta de mala gana porque necesita el dinero y en una casita alquilada en Francia, donde se entera que su madre padece un cáncer terminal, la convivencia les va haciendo cambiar como personas y en su relación personal.
Una historia de crecimiento y reconciliación sobre las relaciones maternofiliales, sobre el perdón y la pérdida.
Una novela tan bella como dura y triste.

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