Durante los meses de septiembre, octubre y noviembre de 2010, un asesino en serie va a campar a sus anchas por Valladolid.
Una joven ecuatoriana es la primera víctima y su asesino deja su impronta en el cadáver: sus párpados aparecen mutilados de tal manera que los ojos quedan abiertos con una mirada muerta fija.
Ramiro Sancho, inspector de policía de Valladolid, será el encargado de investigar el caso. Un caso dificilísimo, que va a tener desconcertado a su equipo durante los meses que dura la investigación.
Desde el principio sabremos quién es el asesino, de dónde viene y a dónde va, y, más o menos, por qué hace lo que hace.
Una historia que engancha, contada a buen ritmo, que se hace corta.






